La canción que asusta a la dictadura en Cuba

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Un grupo de artistas sacó una canción en la que se critica al régimen: “No más mentiras, mi pueblo pide libertad, no más doctrinas”. Este es el último ejemplo de una rebelión cultural en la isla.

Por Jorge Ramos – The New York Times
Es periodista y colaborador regular de opinión de The New York Times.

Una canción, “Patria y vida”, ha puesto a la defensiva a la dictadura cubana y la ha obligado a reaccionar públicamente. Esto es relativamente nuevo. En muchas otras ocasiones, el régimen de La Habana sencillamente ignoraba la canción —el libro, artículo, declaración o persona— que la cuestionaba. La estrategia oficial favorita ante un asunto incómodo era aparentar que no existía. O reprimir y censurar.

En esta ocasión —con un tema que se hizo viral con más de dos millones de vistas en YouTube y que se puede escuchar fácilmente en Cuba a través de internet— la tiranía tuvo que bailar al ritmo que le pusieron.

La popularidad de la canción y su difusión en las redes sugiere que los cubanos le están perdiendo el miedo a los agentes de la seguridad del Estado. Perder el miedo (o controlarlo) es siempre el primer paso antes de un cambio importante.

Los artistas detrás de “Patria y vida”, a cuatro de quienes entrevisté recientemente por Zoom desde las distintas ciudades en las que viven exiliados, ven una transformación profunda e irreversible en Cuba. “Creo que este es el principio del fin de la dictadura”, me dijo Alexander Delgado. “Son tiempos diferentes”, recalcó su compañero Randy Malcom.

La llegada de internet ha sido un desafío para todos los regímenes autoritarios. La dictadura cubana no es la excepción y ha batallado en controlar su relato oficial, minuciosamente controlado por más de sesenta años. En la década de los noventa, el gobierno de la isla se conectó a internet por primera vez, pero el acceso era costoso y muy limitado. Fue hasta 2013 que el oficialismo expandió el acceso público a la red y dos años después instaló una treintena de zonas con internet inalámbrico. Ahora son cientos de lugares con internet y el régimen ya no puede bloquear indefinida y totalmente su acceso. Y así ha dejado de dominar el discurso de lo que ocurre en la isla.

Esa ha sido parte fundamental de lo que se podría llamar una rebelión cultural en Cuba, que a partir de la visibilidad del movimiento San Isidro —formado por artistas, intelectuales y ciudadanos inconformes— y de canciones como “Patria y vida” está experimentando un auge que tiene a la dictadura a la expectativa.

La canción —interpretada y compuesta por Yotuel Romero, Alexander Delgado y Randy Malcom (ambos de Gente de Zona), el cantante y compositor Descemer Bueno y los artistas invitados Maykel Osorbo y el Funky— habla de la represión “a punta de pistola y de palabras” en que viven los cubanos, de la dignidad “pisoteada”, de la búsqueda diaria por dólares, de las madres que “lloran por sus hijos que se fueron”, del naciente movimiento San Isidro y del cansancio de esperar “un nuevo amanecer”. Son “sesenta años trancando el dominó”, como dice una típica frase en la isla que significa dar algo por terminado.

La canción cuestiona a fondo al régimen que lleva 62 años en el poder. “No más mentiras, mi pueblo pide libertad, no más doctrinas. Ya no gritemos ‘patria o muerte’ sino ‘patria y vida’”, dice en una de sus estrofas.

Con su grito de “Patria y vida”, los artistas buscaban un contraste con la célebre consigna “patria o muerte” pronunciada por Fidel Castro durante los inicios de la Revolución cubana. Se trata de un mensaje provocador y mucho más optimista en un momento de pandemia, crisis económica y falta de libertad y democracia.

El líder oficial de la dictadura cubana, Miguel Díaz-Canel, salió a defender el lema castrista el 19 de febrero después de que “quisieron borrar nuestra consigna”. “Patria o muerte gritamos miles anoche”, escribió en su cuenta de Twitter. No ha sido el único en atacar la canción. Abel Prieto, presidente de la Casa de las Américas y exministro de Cultura, la calificó como un “panfleto musical” y un “cúmulo de consignas […] con insultos propios de la peor propaganda anticubana”, según publicó la agencia Prensa Latina.

“Ellos [en el gobierno cubano] están ahora en el momento de la perreta”, me dijo Descemer. “Es una canción que los ha tenido locos porque el pueblo ya está viendo la mentira y el engaño que han hecho por más de sesenta años”, agregó Randy.

Gente de Zona, que por mucho tiempo se negó a hablar públicamente de política y que todavía tiene familiares en Cuba, ha dado un cambio drástico. “Es la primera vez que cantamos sin espejuelos, es la primera vez que no sonreímos en un video, es la primera vez que hablamos de un tema bien político y bien fuerte”, reconoció Alexander Delgado.

Para estos cuatro cantantes, el costo personal ha sido muy alto. “Mira, el precio creo que es no regresar a Cuba”, reconoció Descemer con tristeza. Es muy poco probable que después del éxito de “Patria y vida” ellos puedan volver a la isla a cantar o a ver a sus familiares. La canción los ha condenado a un exilio permanente.

Yotuel Romero, quien está exiliado en Madrid, cree que la canción refleja los verdaderos deseos de los jóvenes en Cuba. “La juventud quiere vida, quiere otra Cuba, quiere otro aire, quiere libertad, quiere derechos, quiere sueños”, me dijo desde España. “No queremos que la opción sea la muerte”.

Irónicamente el origen de “Patria y vida” está en la canción “Ojalá” del cantante oficialista Silvio Rodríguez. Yotuel, con el grupo Orishas, la modificó en otra canción llamada “Ojalá pase”. Y finalmente, desterrando los versos originales de Rodríguez, esta nueva generación de cantantes cubanos creó “Patria y vida”.

La canción es un repudio al pasado autoritario y comunista. “Se acabó. Tú cinco nueve, yo doble dos”, dice la letra en referencia al año en el que triunfó la Revolución cubana (1959) y a los años de la nueva década en que vivimos (que siempre tendrán un doble dos, como 2021).

Aún está por verse, sin embargo, si este fenómeno de protesta puede resquebrajar un sistema basado en el temor y la represión estatal. El uso de la música y de las redes sociales contra un régimen autoritario como el cubano es el inicio de una transformación social y cultural pero no garantiza nunca un final democrático.

En ese sentido, esta rebelión cubana pude aprender de otros movimientos que despegaron gracias a internet, como la Primavera Árabe, la serie de protestas contra regímenes déspotas en varios países de la región a partir de 2011. Esa inquietud social que se empezó a ver en las redes sociales y después sacó a miles de ciudadanos a las calles para reclamar cambios, también fue incapaz, al final, de consolidar una ruta hacia la democracia. La Primavera Árabe demostró lo difícil que es pasar de una rebelión digital online a una offline que lograra cambios tangibles a un sistema más libre. Ese será el reto de este momento artístico y social cubano.

Al final, los intérpretes se despidieron de mí formando la letra L con su índice y pulgar, la L de libertad.

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Jorge Ramos es periodista, conductor de los programas Noticiero Univisión y Al punto, y autor del libro Stranger: El desafío de un inmigrante latino en la era de Trump. @jorgeramosnews

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