El Alux – Las criaturas mágicas Mayas que cuidan la selva

En este momento estás viendo El Alux – Las criaturas mágicas Mayas que cuidan la selva

Cuento: Eleuterio Gómez 

El calor sofocante se cernía sobre la llanura árida y cuarteada. El fulgor del sol cegaba a cualquier animal que osara asomar su hocico, y la exhalación producida por la calorina complicaba la inspiración. Todo parecía yermo, exánime sobre la superficie del futuro maizal.

Sólo el frescor de la noche atenuaba el sufrimiento de las pequeñas semillas que pacientes esperaban la llegada de las tardías lluvias, mientras luchaban contra la mala hierba que usurpaban el terreno. Sin embargo, la magia de la naturaleza, hace germinar la primera simiente de maíz. Un pequeño brote tierno y frágil pero con la energía suficiente como para despertar y dar vida al Alux. Un niño de piel gris y enormes orejas, sin infancia, desamparado y solitario que despierta sin soñar. Un niño envejecido, sin hogar, sin familia, sin recuerdos. Un ser pequeño, un duende que revive junto a su hermano mijo, para portar fortuna a los campos.

“Envidio a los campesinos que trabajan estas tierras. Hombres que nacieron y crecieron, que crearon una familia y que perpetuarán sus vidas a través de su descendencia.

Todos son iguales, desagradecidos que devastan lo que sólo ellos pueden salvar. Hombres que han sido bendecidos con la mayor arma del mundo, la inteligencia, y que la usan para destruirse los unos a los otros.

Nacen como niños, llenos de dulzura, inocencia, bondad y sueños. Tan análogo a mí y tan opuesto a la vez. Luego crecen, y junto con la altura y el pelo también se desarrolla la maldad, la vanidad, la mentira y la ambición.

El ser humano, creación perfecta con la fuerza de un león y la delicadeza de una mariposa, lleno de vida y de posibilidades futuras, que desperdicia centrado en su soberbia idea de adueñarse de aquello que no le pertenece, exterminando al resto de los seres vivos por su propio beneficio.

Y aún así tan hermoso. Capaz de inspirarse con un suspiro o un pétalo. Tienes la capacidad de crear belleza a tu alrededor, compones, pintas, esculpes, construyes y escribes. Y en vez de deleitar tus cincos sentidos con ese arte, lo conviertes en moneda de cambio pues tu codicia no tiene parangón.

¿Y qué hay de mí? Un eterno infante sin pasado ni futuro. Nací junto al esqueje y junto a él feneceré. Sólo unos meses separan mi vida de mi deceso y durante ese tiempo, cuido los campos, ayudo a que crezca el maíz, llamo a la lluvia y vigilo en las frías y húmedas noches, silbando para espantar a los animales de rapiña o para delatar a los ladrones. Soy un duende, pequeño de cuerpo pero grande de corazón… ¿Acaso no merezco por ello algo a cambio? ¿Por qué tú, humano, plagado de defectos y carencias, tienes el don de una vida plena, llena de sueños y esperanzas? ¿Es que no trabajo como tú? ¿No cuido el maizal? ¿Por qué no tengo derecho, yo también, a conocer el amor, a perpetuar mi especie y a ser feliz?

Y vienes hasta aquí, arrancando con tu hoz, la vida de mis hermanos y con ellos la mía. Y pereceré. Pero algún día volverás a sembrar y cuando la primera semilla germine, regresaré; sin recuerdos, sin pasado, pero con la determinación de cobrar lo que me pertenece, de hacer un intercambio. Tu vida por la mía.”

Segado el maizal, el Alux regresó con Centeotl, el Dios del maíz. Y las tierras, poco antes, engalanadas por tonos esmeraldas y dorados, permutaron su belleza, por matices castaños y terracotas. De nuevo la llanura árida y baldía permanecerá a la espera de aquellos días pluviosos que darán vida de nuevo al terreno. Pero ni la incandescencia del astro rey golpeando duramente contra la llanura, ni la calima que robaba la poca humedad que permanecía en el terreno, podrían llevarse el deseo de un pequeño duende que codiciaba ser humano.

La leyenda de los Aluxes: las criaturas mágicas Mayas que cuidan la selva

Algunos relatos dicen que fueron los primeros pobladores de la Tierra y que son más antiguos que el Sol. Su apariencia de anciano, estatura diminuta, carácter travieso y rasgos indígenas lo convierten en un ser único, al mismo tiempo aterrador y tierno. El alux o alux’Ob (geniecillo del bosque, duende o enano milenario) forma parte de la mitología maya, habitando las regiones selváticas de Guatemala, Belice y México. Se encuentran representaciones suyas en templos como el de Yaxchilán en Chiapas y Nohoch Mul, en Cobá, Quintana Roo.

Se cree que los brujos y sabios mayas hacían figuras de aluxes, semejantes a ídolos mayas, usando barro virgen extraído de alguna cueva a la que no hubiera entrado mujer alguna. Como eran hechos bajo encargo, otro de los ingredientes esenciales para la creación de este ser fantástico, eran nueve gotas de sangre extraídas del torrente de quien iba a ser su dueño, así se formaba una alianza sólida entre humano y criatura. Una vez que la figura de barro estaba lista se entregaba a su dueño y éste lo colocaba en un altar. Por las noches, el alux cobraba vida para cuidar las propiedades del dueño y sus animales.

Los relatos dicen que en la profundidad de las selvas se puede notar la presencia de un alux cuando alguien invade su territorio y la criatura comienza a hacer sonidos extraños o arrojar piedras para ahuyentar al invasor. También se manifiesta con carcajadas, sombras, figuras que se desvanecen y cosas que cambian de lugar. Estos actos son una muestra de cariño y fidelidad del alux hacia su amo y una manera de cuidar la naturaleza. Cuando su amo muere, el alux permanece en los territorios del fallecido para cuidarlos, quedando bajo la protección de Yum-Kaax, dios maya del maíz.

Como criatura fantástica dotada de ciertos poderes, un alux necesita de atenciones y ofrendas para mantenerlo contento, especialmente si alguien tiene la ocurrencia de invadir sus territorios. La menor manera en que se puede calmar su enojo es dándole una ofrenda que contenga pozol y maíz, elementos básicos en la dieta de la cultura maya que siguen imperando en la actualidad. De lo contrario, el alux puede robar las pertenencias del intruso, dañar a sus animales o estropear sus cultivos.

Los mayas amaban a los seres diminutos

Se entiende la creación de un ser de estas características entre las antiguas sociedades mayas por la gran importancia que tenían los enanos en ellas. Éstos estaban presentes en los Juegos de Pelota al lado de los gobernantes, participaban en danzas y estaban vinculados con el mundo chamánico.

Los mayas creían, al igual que se dijo sobre los aluxes al inicio, que los enanos moraron en las primeras etapas de la Tierra, por lo que se creían descendientes de ellos. Su poder y sabiduría se reflejaba en las labores administrativas que llevaban a cabo, asimismo recibían los regalos de los invitados y los ajuares de los matrimonios, recibían los impuestos y controlaban la calidad de los productos. Como se puede ver, su labor en la sociedad era trascendental y mística.

Su magia continúa vigente

La creencia en los aluxes sigue vigente en el sureste mexicano, en especial entre aquellos habitantes de sangre maya o quienes sienten devoción por los antiguos rituales prehispánicos. En la actualidad se les concibe como criaturas de un folklore antiguo que veneraba a la naturaleza y sus misterios. Las personas que laboran en las milpas o en los montes haciendo trabajos de agricultura mencionan la existencia de los aluxes como algo real, basándose en los ruidos que escuchan cuando se hallan trabajando o las diminutas huellas que aparecen en los caminos que transitan.

Para mantener vivas las leyendas sobre estas misteriosas criaturas se alimentan las ideas de que su presencia continúa en las zonas arqueológicas del sur de México, así como en las selvas, lagos y cenotes sagrados. Algunas personas y viajeros procuran dejar una pequeña ofrenda de comida ahí donde se indica la posible presencia de un alux.

Hay más sobre la supuesta presencia de estos seres en plena modernidad: cuando se estaba construyendo el puente Cancún-Nizuc, varias ocasiones los ingenieros y trabajadores de la obra vieron cómo sus labores de la noche anterior amanecían completamente destruidas. Escépticos, terminaron aceptando la ayuda de un sacerdote maya que les dijo que una familia de aluxes estaba intentando conservar la naturaleza en su estado puro y que por ello destruía el puente.

Después de hablar con ellos, el brujo dijo que la familia de aluxes aceptaría la construcción del puente siempre y cuando se les levantara una casa debajo de él para no ser desplazados de la zona. Así se hizo y las obras del puente pudieron ser concluidas e inauguradas en 1991 por el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari. Es parte del folclor que inunda México en todos sus rincones.

Estos pequeños y enigmáticos personajes forman parte de la gran lista de leyendas que México posee por todos sus rincones: uno de ellos es la Ciudad de México, que tiene relatos aterradores que seguro querrás leer en este preciso instante. Conocer de cerca estas historias que tienen mucho de fantasía y de lo sobrenatural es una manera de entender parte la historia de un país fascinante.

¡Compartir es cariñoso!

Deja una respuesta