El Pintor antioqueño que reclama su puesto en la plástica colombiana

En este momento estás viendo El Pintor antioqueño que reclama su puesto en la plástica colombiana

Lo que de forma inmediata llama la atención es la relación trazo y movimiento que se observa en sus obras, todo ello referido al movimiento. Es una obra estática que cuando se tiene el privilegio de observarla en conjunto, se presenta como un libro abierto donde se plasma el cuerpo y el alma del autor.

Libardo Echeverri nunca firmaba sus obras, tal vez porque pretendía reflejar lo efímero de sus emociones en ellas. La eternidad no parecía una característica que le interesara ni para sus vivencias, ni para sus obras artísticas. Sin embargo sus obras y sus ideas lo han perpetuado en la memoria de quienes lo conocieron y de quienes lo siguen conociendo a través de su trabajo artístico.

Presentar la obra de este pintor antioqueño, que a gritos, exige su un puesto de honor en los anales de la plástica colombiana es una tarea extremadamente compleja por la versatilidad de des obras y las técnicas empleadas por un creador totalmente autodidacta. Por esto solamente se harán algunas anotaciones a textos autográficos del pintor y presentaciones de sus críticos en algunas de exposiciones.

Hechos y Noticias.


*El sufrimiento solo puede hacerse soportable en el silencio de la soledad *

“En 1995 a sus 46 años, un día cualquiera, Libardo Echeverri dejo su profesión de 25 años de Contador Público y se sumergió en el oscuro destino del loco obsesivo, rabioso, dedicado a dibujar en papeles todas esas ideas y sentimientos que le quemaban las entrañas. En realidad desde siempre había intuido el arte, la sensibilidad a lo bello y la armonía y la verdad… pero nunca tuvo la hombría de enfrentarlo.

Además, ni siquiera ahora piensa que se trata de arte, y buena prueba de ello es su insistencia en no firmar los dibujos pues no cree que no sean más que meras tentativas, residuos hirientes, gritos desesperados contra esta sociedad que le ahoga, que le sacrifica, que le arrincona eliminándole completamente la libertad convirtiendo su humanidad en casi nada. Pero afortunadamente ahí está el erotismo, que es lo mismo que la redención, la posibilidad de ser, de compartir, su única posibilidad de vivir.

Como se ve una producción grafica de esta naturaleza no puede ser más que ensayo-error o sea, refiriéndome al aspecto técnico, una obra exclusivamente autodidacta que nace de las experiencias de dibujo desde la niñez, y de la observación de los trabajos de otros en publicaciones, en exposiciones, o en el contacto, muy escaso por cierto, con otros creadores, y en el riesgo porque además lo importante nunca es hacer la cosa bonita decorativa, sino utilizar el papel como un pretexto para plasmar el grito

Entonces lo que se impone obligatoriamente es la técnica mixta absolutamente experimental utilizando materiales secos o de rápido secado porque la locura no da tiempo, el óleo es imposible. Es que en la creación el proceso grafico tiene que ser lo suficientemente espontáneo para que pueda seguir la fiebre creativa, y es este medio material el que tiene que ceder al ritmo del sufrimiento del artista, a la tensión de la mano que se despliega. Púes la forma plasmada no puede ser pensada, sino inmediata, intuida no más, como un reflejo de la tensión muscular y emocional del momento que a veces llega casi a la alucinación, y al comienzo de esta vorágine creativa en una envolvente y creciente ebriedad que solo se suspendía cuando la borrachera ya era total. Esos eran los tiempos en que se podía beber porque el organismo se lo permitía. Pero fueron tiempos suficientes para una abundante producción y fértil, primero en cartulinas con pinturas acrílicas y tizas de pasteles, luego en materiales más humildes y precarios como los periódicos ya leídos, cajas de cartón usadas y papeles de embalaje. Más de dos años en Medellín pintando con residuos de colores apagados sucios o en blanco y negro claroscuros violentos. Y después de nuevo en Cali obsesionado en cuartillitas media carta miles y miles de garabatos «aprendiendo a dibujar» como lo han hecho otros.

Pero siempre cuerpos masculinos, la figura sexuada, carnal, altiva o vencida, envuelta en si misma o en el cuerpo de otro u otros… generalmente rendida… gritos, sudores, temblores, ardores…. a veces expresos, a veces insinuados, a veces ni eso… pero siempre el mismo dibujo… pero esto es quizás lo que le da fuerza a la obra, porque un dibujo refuerza al otro. ¡La obra hay que verla en conjunto!

¡Por muchos años siempre pintando el mismo dibujo!… siempre en su propia búsqueda. Pero no nos confundamos, la obra no tiene nada que ver con la búsqueda de otros, sus dibujos responden a otras necesidades, a otros exorcismos, a otro sexo clandestino alucinado y a la frustración de la impotencia y la rabia por la libertad perdida, por la imposición aniquiladora, y esa violencia…

Y son estos valores los que la hacen universal, porque son quizás los grandes problemas no resueltos por el hombre, y más crítico en esta ahora en que tu día es impuesto por quien sabe que obscuros intereses y en que remoto lugar

Pero volvamos al dibujo, para decir que a pesar de su proceso precario eso no implica que no haya una búsqueda estética, una obsesión por la armonía y la belleza, la que siempre surge, a veces sutil pero siempre ahí, porque en el fondo de toda creación artística lo que hay es un intento de regreso a la perdida armonía… a ese paraíso primigenio del que nos arrojo el odio de un Dios Terrible

De lo dicho se infiere que la obra nunca fue ni pudo haber sido PINTADA PARA MONTAR UNA EXPOSICION, al contrario, la intención ha sido mantenerla escondida, anónima, inédita. Es por esto que solo he hecho una pequeña muestra en el Teatro Matacandelas de Medellín hace no se cuántos años, y por la misma época una pequeña exhibición en un restaurante elegante y sombrío en El Peñón en Cali. Y no más.”

Leo muere en Cali después de luchar contra un cáncer gástrico, rodeado del amor de toda su familia, y aceptando dignamente el paso a paso de sus últimos días el 22 de abril de 2013.

Hechos y Noticias
Hechos y Noticias
Hechos y Noticias

Primera Exposición Individual

Después de su muerte se hacen algunas exposiciones de su rica obra pictórica en Cali y Medellín. La primera exposición individual en la ciudad de Cali en la sala Proartes siendo su curador el afamado crítico de arte Miguel González curador del Museo de arte La Tertulia, crítica que transcribimos a continuación:

«La Neofiguración Expresionista ha sido un vehículo eficaz de comunicación para transmitir ideas exaltadas sobre la condición humana. Esa representación despiadada del hombre se ha realizado dislocando los rasgos anatómicos reconocibles y convirtiendo el color en un ingrediente superlativo, capaz de desafiar la forma misma y conservar su independencia.

Seguramente las Señoritas de Aviñón de Picasso que acaban de cumplir un siglo el año pasado son el referente de una representación que se aleja del naturalismo y los ideales renacentistas y se concentra en lo simbólico, paradójico y sarcástico. La mirada tribal hacia la escultura africana también es la reinvención de una imagen que se dirige no sólo a la retina en busca de reconocimiento sino a la conciencia que desea desentrañar al hombre moral, ético, pervertido por las circunstancias y ansioso ante las probabilidades existenciales.

Hay un extenso repertorio de figuración deformante desde distintas ópticas en las vanguardias históricas. Los ismos son los referentes indiscutidos, pero no sólo los procedimientos para someter a sus tesis la representación sino las ideas que animaron dichos procesos. Por un lado la voluntad cubista y sus derivados afines que se concentraron en el racionalismo como epicentro de sus materializaciones. El nuevo romanticismo emotivo y estremecedor de los expresionistas históricos y sus seguidores que consiguieron narrar no sólo las apariencias de sus contemporáneos sino elaborar una crónica de sus estados espirituales devastados. Como complemento y en otra dirección el Dadá y el surrealismo consiguieron navegar por las aventuras del inconsciente, ayudarse de la pesadilla y del sueño, activar el deseo y darle un protagonismo a la casualidad y el azar para ofrecer sus versiones fantásticas y absurdas del circuito del humanismo. En la segunda mitad del siglo XX, muchos movimientos citaron y prolongaron los planteamientos de lo sucedido en los primeros cuarenta años de esa centuria. Entre ellos las nuevas formas de figuración más radicales y de renovado expresionismo. Tenemos al grupo Cobra europeo, o a las figuras de De Kooning en Estados Unidos, Bacon en Inglaterra o Dubuffet en Francia, como referentes superlativos de una dramática gestualidad y brutal producto inevitable de la posguerra. Curiosamente en la década del ochenta, después del minimalismo, el arte conceptual y en pleno auge de la nueva fotografía y el video arte aparece la transvanguardia expresionista que también se conoció como mala pintura. En ella lo simbólico, las mitologías particulares y una voluntad narrativa ocupan el centro de la producción argumental. En la atomización de los estilos, la hibridación de ideas y procesos y la multidireccionalidad de las miradas, la representación exaltada del hombre dramático y alegórico ha seguido siendo una opción. Hoy presentamos la primera exhibición individual de Libardo Echeverri (Envigado, 1949), quien ha estado pintando para sí mismo desde 1995 y vive y trabaja en Cali desde 1969. Ya sabemos que existen muchos ejemplos de pintores, músicos y sobre todo de escritores que se entregan a un oficio solitario y casi secreto, concentrado en el trabajo y no ocupado en las expectativas que el reconocimiento, mercado y exigencias del gusto oscilante obligan a entretener y muchas veces a desviar el centro de atención. El ejercicio de pintar como un acto privado, de alguna manera clandestino y absolutamente solitario. Esta exposición es la violación de esa intimidad y su salida para no postergar más el encierro voluntario. Su opción de lenguaje es la figuración aturdida por la existencia y la sexualidad, y el diseño de los cuerpos en desesperada relación.

El conjunto de pinturas sobre papel evidencia un trazo emocional y perturbador. Se asumen como paradojas de las relaciones conflictivas pero inevitables. Se erigen como emblemas del desamor y se plantean como un aullido desesperado y desesperanzador. Para satisfacer su iconografía el autor traza las formas esquematizadas y rápidas definiéndolas en el proceso con contornos oscuros. Ellos nos revelan rostros que gritan desesperados, cuerpos torturados por el placer y el deseo, cargas sexuales en pleno debate. El color se comporta de manera independiente y aunque acude a sintonizar los argumentos, su presencia estimula las formas y se convierte igualmente en un elemento persuasivo y de indudable sugestión.

Libardo Echeverri tiene una abundantísima obra siempre con el tema de lo amatorio y las turbulencias de los sentimientos. Las escogidas aquí para esta primera salida se concentran en su producción en mitad de la década del noventa del pasado siglo. Los colores fuertes se asocian a los cuerpos en acción y el gesto al pintar va dejando su huella en manchas y accidentes controlados. La urgencia de desentrañar los sentimientos prevalece como una constante. Él admite el vértigo de la ejecución en cada obra y su también particular estado que describe como «atragantado por esa embriaguez quemante y por una rabia infinita… «

Es inevitable cuando vemos los trabajos de Libardo Echeverri acordamos del primer Luís Caballero de los años sesenta, obras coloridas y resueltas: anatomías en movimiento hacia el encuentro de la sexualidad como redención. Igualmente las realizaciones también agitadas y rápidas de Lorenzo Jaramillo, La suite de muchachas extravagantes, hechas como una serie ininterrumpida de gestos y cuerpos en movimiento, o sus adolescentes desnudos y reclinados, aturdidos en su condición provocadora y de raro aspecto apolíneo. Estas referencias inevitables, lejos de disminuir su propuesta, no hacen más que contextualizarla con autores y obras que apostaron por la reivindicación del derecho a existir y a usar los elementos visuales como vehículos de resistencia y trasmisores de soledad insatisfecha».

Miguel González. – Actualmente, es curador del Museo Rayo, dedicado al dibujo y grabado latinoamericano, en reconocimiento del fallecido pintor Ómar Rayo, ubicado en el municipio de Roldanillo, Valle del Cauca en Colombia. Anteriormente, fue curador del Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali. Escribe sobre arte desde 1970 y pertenece a la Asociación Internacional de Críticos.

Hechos y Noticias
Hechos y Noticias
leo echeverry 06 - El Pintor antioqueño que reclama su puesto en la plástica colombiana

¡Compartir es cariñoso!

Deja una respuesta