La Editorial del Domingo – Descifrando la Protesta Social

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Esta última semana ha sido especialmente difícil en la vida del país; las marchas y la protesta social que con fuerza se habían manifestado en el 2019, han retornado con demandas y clamores que el Covid ha agudizado.

Por: Vladimir Ilich Ulianov

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Hechos & Noticias ni de su director.

A veces pareciera que en medio de la tranquilidad que da la vida de provincia, nos distanciamos de las realidades nacionales y nos hacemos oídos sordos a las situaciones, los problemas y las dificultades del país. Siempre es bueno echar un vistazo desde la parroquia, analizar el universo de acontecimientos y el contexto desde el pueblo; finalmente somos ciudadanos colombianos y por más lejos que estemos de los centros de poder las decisiones nos conciernen y nos afectan.

Esta última semana ha sido especialmente difícil en la vida del país; las marchas y la protesta social que con fuerza se habían manifestado en el 2019 y que por este largo tiempo de pandemia parecían aletargadas y temerosas, han retornado con demandas y clamores que el Covid ha agudizado.

Había una rabia contenida que la reforma tributaria mal presentada por el gobierno del Presidente Duque desató. Esta pretendida reforma fue la gota que rebosó la copa y aunque al común de colombianos le cueste comprender en detalle, el más humilde de los ciudadanos en cualquier rincón del país entiende que la comida y los servicios públicos serán más caros, y el empleado, el profesional, el emprendedor o el independiente, esa extensa gama de colombianos que ocupan la clase media, ven más estrecho el bolsillo y apretado el cinturón. Una reforma tributaria en tiempos de crisis: pobreza, hambre, desempleo; problemas sociales agudizados por una larga pandemia que aún está lejos de resolverse y que al actual gobierno parece que le cuesta gestionar.

Hambre, esta es la palabra más común en las ingeniosas pancartas que hemos visto en las protestas de los últimos días; el DANE reveló esta semana que 1.4 millones de hogares en Colombia pasaron de consumir dos comidas al día a solo una. El 91% de los encuestados considera que la situación económica empeoró con respecto a lo que sucedía hace 12 meses. Unas cifras preocupantes que sin duda alimentan sentimientos de rabia, impotencia y preocupación, que se vieron manifestados en los sucesos de estos últimos días.

Jorge Eliécer Gaitán hablaba hace 80 años de “el país político y el país nacional”: el primero representado en una élite que se lucraba de la administración del Estado; el segundo representado por el pueblo raso, la clase trabajadora, la clase obrera que no se sentía interpretada por esas oligarquías que decían representarlos y defenderlos. Hoy, la situación poco ha cambiado, un poder político que en nada ha visto afectado sus intereses durante la pandemia y por el contrario muestra una desconexión total del pueblo. Puede ser entendible que un alto funcionario del Estado, hombre, ministro no se ocupe de hacer el mercado en su casa y no conozca el precio de los alimentos, pero tiene una altísima carga simbólica que diga que una cubeta de huevos cuesta $1.800 o que un panadero gana 2 millones de pesos. Frases despreocupadas que ofenden a todo aquel que debe escarbar en lo más profundo de su bolsillo para llevar el sustento a su hogar y que muestra en toda su extensión esa desconexión entre «el país político y el país nacional»

Las manifestaciones de la última semana están lejos de demandar el retiro de la reforma tributaria únicamente; hoy, después de casi tres años de gobierno Duque, el descontento de la ciudadanía va más allá: el asesinato sostenido de líderes sociales y excombatientes de las FARC, los palos en la rueda que soterradamente se le han puesto a la implementación de los acuerdos de paz, la insistencia en volver a la fumigación con glifosato a los cultivos de coca que afecta de tantas maneras a las comunidades campesinas e indígenas del país y como no, la pobreza, el hambre y el desempleo que se agudizó con la pandemia.

Esto va mucho más allá del simple cálculo político; sin duda hay quienes tienen un interés electoral de cara al 2022, pero aún así, una buena parte de los colombianos que marchan en los últimos días solo busca que sus pretensiones sean tenidas en cuenta en un país donde poco nos escuchamos: todos los sectores hablan, opinan y ofrecen diálogo, pero en realidad una monumental e histórica sordera social y política que agudiza la polarización y la violencia.

Es entendible que el gobierno a través de la administración del Estado busque conseguir ingresos para adelantar programas sociales, obras de desarrollo, promover el empleo; lo que se cuestiona es que los dineros públicos sean presa de los corruptos y de una clase política privilegiada (si es que no son lo mismo) y de una burocracia que este gobierno ha ampliado especialmente en el servicio exterior, oficinas, dependencias y asesorías, es decir, la misma mermelada de Santos ahora con otro sabor y presentación. Un mal enquistado en el propio diseño del Estado.

Produce mucha rabia que mientras tantos colombianos han perdido su empleo, ven afectados sus negocios y el ingreso de la comida a sus hogares, los congresistas de la republica no hayan visto perjudicada una sola de sus gabelas: siguen con un millonario salario (que pronto y por decreto subirá), siguen percibiendo gastos de representación, es decir tiquetes aéreos, transporte, gasolina y habitación aún legislando virtualmente desde la comodidad de sus casas, gastos que suman cerca de 14 millones de pesos y que buscaban acabarse en un proyecto de ley que fue hundido por la bancada del uribismo. Tenemos una clase política que no se compadece con las dificultades de la gran mayoría de colombianos, por eso también se sale a protestar.

Finalmente, la protesta social no es sinónimo de vandalismo como lo han querido hacer ver algunos medios de comunicación; en las manifestaciones de los últimos días ha predominado la imaginación, el color, la inteligencia y el arte; los actos vandálicos no desdibujan para nada las razones de la protesta, tampoco son justificables desde ningún punto de vista; sí merece un análisis la carga simbólica de ataques específicos a sucursales bancarias, oficinas de la DIAN, y a un canal de televisión del que no pocos acusan sesgo y falta de objetividad.

En los tiempos de la colonia el pueblo arengaba: “viva el rey, abajo el mal gobierno”; hoy el pueblo colombiano grita “viva la democracia, abajo el mal gobierno”

La mala hora de la alcaldesa

Sentido de fallo condenatorio le dieron a Olga Constanza Duque Chica por el delito de celebración de contratos sin el cumplimiento de requisitos legales, investigación que venía adelantando la Fiscalía desde hace varios años y por la que en 2014, durante su mandato, un fiscal de Montería le dictó medida de aseguramiento y luego de 22 días se ordenó su libertad para que se pudiera defender en esa condición y finalmente culminó su periodo. Su caso está relacionado con irregularidades presentadas en la celebración de dos contratos en el 2007 por valor de 12.500 millones de pesos entre la Gobernación de Córdoba y la Asociación de Municipios del San Jorge (Asosanjorge) de la cual era ella contratista como administradora de los recursos y que tenían por objeto la construcción de 11 proyectos en los municipios de dicha asociación. La Fiscalía estableció que solo se iniciaron 3 proyectos que no se culminaron y los demás no se iniciaron a pesar de que la Gobernación de Córdoba giró los recursos. La audiencia en la que se conocerá el tiempo de la condena y el lugar (cárcel o en domicilio) será el próximo 7 de mayo.

Viendo la paja en el ojo ajeno sin sentir la viga en el ojo propio.

Obituario

Mis condolencias a la familia Zuluaga Arias por la muerte de su hermano Rolfy, un sentido abrazo, hago votos por su tranquilidad y fortaleza.

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