Colombia más allá de este vandalismo desatado irracionalmente

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Pero déjenme decirles también que la izquierda en este país solo estaba esperando una excusa para tratar de desestabilizar el gobierno y la reforma tributaria les cayó como anillo al dedo. Y son unos hipócritas de aquí a Pekín.

Por Santiago Castro – Director de Asobancaria

¡Hola a todos! He tratado de mantenerme al margen de la discusión de los hechos recientes por muchos sentimientos encontrados. Pero siempre recuerdo la sensatez y la cordura del doctor Rodrigo Lloreda al opinar sobre temas tan o más álgidos que le tocó enfrentar, sin perder la firmeza o la claridad de llamar las cosas por su nombre.

Empecemos por la reforma tributaria; yo no estaba de acuerdo con algunos puntos del texto presentado, pero eso no quita que no es necesaria, por lo que se tendrá que presentar de nuevo recogiendo consensos de mayorías. ¿Porque es necesaria? Es simple, debido a la pandemia nuestros ingresos cayeron y el gasto se disparó. O sea, que no solo hay que equilibrar el presupuesto, sino que hay que sacar asegurar financiación para programas de apoyos y subsidios que se tienen que extender para que las personas tengan que comer y los negocios no se acaben, agravando el desempleo. Y si puede haber gasto que se puede recortar, pero créanme cuando les digo que cuando se apartan los costos de la deuda, la educación, la salud, la defensa, y el aparato judicial, aun así el recorte más draconiano no alcanzaría nunca. O sea, si o si hay que tramitar una reforma.

Pero déjenme decirles también que la izquierda en este país solo estaba esperando una excusa para tratar de desestabilizar el gobierno y la reforma tributaria les cayó como anillo al dedo. Y son unos hipócritas de aquí a Pekín. Durante meses venían clamando que no hicieran volver a la gente a trabajar en sus puestos y que los maestros no tenían las condiciones para volver a enseñar. Es que preservar la vida es lo más importante. Pero eso sí, no tuvieron ningún problema con invitar a a marchar en medio del momento más crítico del tercer pico para la salud y la vida de los colombianos.

Ahora bien, yo no los acuso de ser a todos culpables de los actos de vandalismo y destrucción y reconozco que muchos marcharon pacíficamente. Pero lo hicieron de manera irresponsable, violando toques de queda y normativas de salud. Y nos pusieron a todos en riesgo, especialmente a la infraestructura y al personal de salid. ¡Imperdonable!

Y frente a los actos de vandalismo, que se ensañó con nuestra bella ciudad, si bien los convocantes a las marchas no son culpables si son responsables porque propiciaron el espacio para que esos antisociales lo aprovecharan. Y no era como que no estuvieran advertidos que eso pasaría, pues pasó en todas las otras veces que habían convocado.

¿Díganme en que marcha de las que participamos hace años en contra de las FARC o en contra del secuestro se dio esto?! ¡En ninguna!

¿Ustedes realmente creen que quienes echaban combustible al espacio donde se habían refugiado unos empleados de banco, estaban realmente indignados por x o y artículo de la Reforma? ¿Creen que eso fue espontáneo? ¿Como creen que se quema una estación del MÍO hecha de metal y cristal, ningún material inflamable, a menos que se lleven materiales combustibles?

Todo esto estaba perfectamente planeado y los que creían que estaban marchando por el cambio solo eran idiotas útiles de estos des adaptados que eran los únicos que sabían lo que querían.

verdad les digo que nunca en la historia del país se veía tanto gasto social y tantos apoyos y subsidios como los que se dan ahora. Pero los tienen convencidos de una narrativa de odio y rencor para dividirnos. El problema no es que haya ricos. Si esos ricos están pagando sus impuestos y a sus empleados les están reconociendo salarios justos con todos los aportes patronales, por mí que existan todos los ricos que sea posible. Porque gravándolos razonablemente, vamos a tener los ingresos para poder apoyar la educación, la Salud, y a quienes más lo necesitan. El problema real es cómo sacar a la gente de la pobreza y para eso claro que necesitamos política pública, pero sobretodo necesitamos empleo. Y el empleo no lo vamos a conseguir creando temor en toda la ciudadanía, ni tumbando estaciones, ni quemando cajeros y patrimonio público. Todo lo contrario, vamos a ahuyentar la inversión y crear miseria y más pobreza. ¿Pero es que no hemos aprendido nada de lo que le pasó a Venezuela? ¿No es suficiente el testimonio de millones de venezolanos en nuestro país porque en el suyo no encuentran ni empleos a menos que juren bandera al régimen, y así lo tengan vaya a ver donde consigue comida o medicinas? Miremos más bien lo que tenemos y no solo demos gracias, sino que defendamos nuestro sistema de libre mercado. ¿Alguna vez han visto a nuestros supermercados o tiendas desabastecidas? (Claro está…a menos que los bloqueos no dejen entran insumos).

¿Creemos que tenemos un sistema de Salud de mierda? Pues les cuento que estamos por encima de Canadá y Estados Unidos. Una persona con SISBEN se le puede demorar un poco la cita con el especialista, pero finalmente la tiene, así como el tratamiento. ¿Es que no nos acordamos cómo era el acceso a la salud hace treinta años? Este país, creémoslo, ha tenido un gran avance con todas sus imperfecciones. Pero es un gran país y tenemos que defenderlo. Porque nos lo quieren destruir y hay unos despistados que no se han dado cuenta. Y Duque puede tener sus errores, pero hace cuanto no veían un presidente que no insulta a sus contradictores, que no divide al país entre amigos y enemigos de la paz, que es mesurado en el uso de la fuerza (se pasa de mesura en algunos momentos), que siempre ha buscado a lo largo de la pandemia un equilibrio entre la vida y el empleo. Yo voté por el y volvería a votar por el mil veces, porque la alternativa era Petro y se lo eso significa. No dejemos convertir a Colombia en otra Venezuela y no nos prestemos a quienes quieren desestabilizar nuestra democracia disfrazándose de opositores. Acordémonos que el mayor problema no es la gente que alberga el mal en su corazón, sino la gente que, por miedo, falta de carácter, o por pura ingenuidad, deja que ellos triunfen.

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