Evelina Cabrera, de dormir en la calle a hablar en la ONU

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Evelina Cabrera, presidente de la Asociación Femenina de Fútbol Argentino, entrenadora de fútbol, con algunas de las chicas a las que entrena.

Evelina Cabrera representó a Argentina en el Foro de la Juventud de la ONU. Hoy es la presidenta de la Asociación de Fútbol Femenino de su país, pero para llegar hasta ahí ha tenido que superar numerosos obstáculos en su vida.

ONU Noticias – Beatriz Barral

La vida de Evelina Cabrera se torció cuando tenía 13 años. La separación de sus padres en plena adolescencia la llevó a irse de casa y acabar viviendo en la calle. Pasó por una relación con un hombre que la maltrató hasta que intentó suicidarse. Pero ha sabido reconducir su vida y reinventarse todas las veces que han sido necesarias. Hoy preside la Asociación Femenina de Fútbol Argentino y habla en la ONU sobre su trabajo para ayudar a otras chicas a superarse.

“Si vos me decís hace 15 años Naciones Unidas, me imaginaba solamente presidentes y gente muy importante. Nunca me imaginé que iba a estar acá, pero pude porque fui haciendo cosas para mejorar mi calidad de vida y porque hubo gente que me hizo sentir que yo podía tener posibilidades”, dice en una entrevista con Noticias ONU durante su participación en el Foro de la Juventud de la ONU.

Evelina no cree en la suerte, sino en el poder de la confianza en uno mismo. Y en la capacidad de adaptación.

Nació hace 31 años en una familia humilde. Es la mayor de tres hermanos y aunque, pasaban hambre, su familia le enseñó el valor del trabajo. “Pero cuando cumplo 13 años mis padres se separan y yo entré en una crisis y decidí irme de mi casa y dormir en cualquier lado. Hasta que de los 15 a los 17 años dormí en la calle. Era una homeless (indigente)”, recuerda.

Sentía que en su casa no se notaba su ausencia y, en la calle, conoció a más gente que, como ella, no tenía quién le escuchara. Hizo de todo para sobrevivir: vigiló carros, repartió publicidad, cuidó a prostitutas en una parada de autobús. Después, comenzó una relación con un hombre que la maltrataba. “Durante mucho tiempo estuve sometida con este chico, hasta que toqué fondo e intenté suicidarme. Por suerte fallé”, relata.

Un día vio en televisión a una chica tetrapléjica que pedía un respirador para poder seguir viviendo. Eso le marcó y le hizo replantearse su vida. Regresó a casa de su padre y, poco a poco, consiguió recuperarse. Con cada nuevo trabajo aprendía algo nuevo de sí misma; se reinventaba.

Evelina Cabrera, de dormir en la calle a hablar en la ONU, Por Noticias ONU

Su pasión por el fútbol empezó casi de forma casual, cuando una compañera de trabajo le dijo que jugaba en un equipo. “Y cuando voy, el equipo era horrible y todas jugábamos horrible”, dice entre risas. “Le propuse al equipo, entrenemos lo físico, superémonos. Me daba cuenta de que faltaba pasión en lo que estaba haciendo el equipo y me dijeron si vos agarrás y querés entrenar, armate tu equipo”.

Armó su equipo. Un tumor le apartó de jugar al fútbol, pero, una vez más, adaptarse a esta nueva circunstancia le abrió una puerta. “Eso me hizo reflexionar sobre la Agenda 2030. ¿Cuántas chicas no tienen acceso a salud, a prevención, a hacerse chequeos? Dijimos hagamos que tomen conciencia y se capaciten para que cuando terminen sus carreras como futbolistas puedan ser entrenadoras, puedan gestionar y desarrollarse más allá de la cancha de fútbol”. Se hizo entrenadora, también de chicas ciegas, y fundó la Asociación Femenina de Fútbol Argentino.

En el fútbol ella ha encontrado la vía para ayudar a otras mujeres. Asegura que debemos valorar el poder de decirle a alguien “yo confío en vos”.

“Cuando estaba en los peores lugares, nadie confiaba en mí y tuve que confiar en mí para salir adelante desde lo más bajo. Cuando empecé a confiar en mí, me sentí poderosa y ustedes le pueden dar poder y herramientas a un montón de personas que no se sienten así. Esa confianza puede transformar sus vidas y la de todos”, dijo entre lágrimas en una de sus intervenciones en la ONU.

Ella sacó la confianza en sí misma de cada pequeña meta que conquistaba. “Yo no tuve suerte. Me costó un montón todo y me cuesta”, asegura y explica que su experiencia le permite conectar con otras mujeres. “Hay que enseñarles a las chicas que nos va a costar un montón y más si venimos en sectores vulnerables, pero no hay que creer en el cuento de porque sos pobre nunca vas a poder salir adelante”.

Representante de Argentina en la ONU

Evelina compartió con otros 500 jóvenes que se reunieron durante dos días en Nueva York sus ideas para lograr avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ella sabe cómo traducir las grandes políticas, en un proyecto personal con el que los jóvenes se puedan identificar. “Está bien enseñar los Objetivos, pero desde la empatía y conexión con el otro. A veces nos equivocamos y hacemos caridad”, insiste. “A la gente que viene de sectores vulnerables hay que preguntarles cuáles son tus habilidades, porque a veces tenemos habilidades ocultas bajo los prejuicios que nos pone la sociedad”.

A quien tiene que pensar dónde dormirá esta noche o qué va a comer, el 2030, el año cuando deberían lograrse los Objetivos , le puede sonar algo muy lejano. Evelina cree que todo el mundo puede aspirar a un futuro mejor y dar pasos para conseguirlo. “Tener confianza en uno mismo y creer que podemos cambiar las cosas hace que nos podamos proyectar a futuro. Yo cuando era chica pensé que no iba a tener futuro, porque creí en todos los prejuicios que me habían instalado sobre de dónde venía y hoy sé que puedo hacer las cosas que quiera”.

Hechos y Noticias

Superó una dura enfermedad y ahora es referente del fútbol femenino

Por Paola Florio – Infobae – Argentina

La vida de Evelina Cabrera dio tantos giros que una sola temporada de una serie no alcanzaría para contarla a la perfección. Pasó de dormir en una plaza y revolver tachos de basura en busca de comida a convertirse en referente del fútbol femenino; fundar la Asociación Femenina de Fútbol Argentino (AFFAR), armar el primer equipo de chicas ciegas de Buenos Aires y disertar en la ONU (Organización de las Naciones Unidas) en Nueva York sobre su trabajo para empoderar a las mujeres y darles herramientas para tener una vida mejor.

Nada mal para esta chica de 31 años que pudo revertir su destino a fuerza de empuje, ganas, constancia y pasión.

Su infancia fue muy difícil: a los 13 años se fue de su casa y vivió algunos años en la calle. Dormía en un banco de la plaza frente a su escuela, hecha un ovillo y abrazando su mochila, para poder asistir por las mañanas. Así fue como terminó la secundaria, comenzó a estudiar Educación física, a trabajar como tesorera en un restaurante y a dar clases como personal trainer.

Por aquel entonces, una amiga le propuso jugar al fútbol y, aunque dice que era muy mala jugadora, se presentó en una prueba en Platense y eso cambió todo para siempre.

«Este deporte me dio herramientas y valores para poder encaminar mi vida, dándome normas que no tenía», explica Evelina, que una vez que la ficharon para el club empezó a entrenar sin parar y a buscarse sponsors para dejar de usar las camisetas viejas que les daban en el club.

«Les mandaba mails a todas las marcas: desde Nike (de quien ahora, años después, es la cara de su campaña) hasta los comercios de la zona. Cayeron tres locales barriales y con eso pudimos comprar la ropa de entrenamiento. Y empezaron a venir más chicas, porque no podían creer todo lo que conseguíamos», cuenta orgullosa. El fútbol era su pasión, la hacía
realmente feliz, pero la vida le dio otro revés.

Resiliencia

«Empecé a sentirme mal, me dolía mucho la cabeza y comencé a recorrer médicos. En total fui a tres, nadie me encontraba nada, pero se me había elevado una hormona, la prolactina. Me detectaron un tumor que era benigno y me operaron, por suerte con eso alcanzó. La mala noticia me la dio el endocrinólogo: no podía hacer actividad física. Y mi mundo se derrumbó, entré en una crisis tremenda porque quería seguir ligada con el fútbol. Y ahí fue cuando me propuse ser entrenadora», cuenta y otra vez tuvo que aprender a reinventarse: «Se me ocurrió ir al playón de la estación de Tigre con una sobrina de 9 años que hice pasar por una falsa alumna. Las dos vestidas con ropa deportiva, le decía ´si yo te digo corré, vos corré´. Armé una página en Facebook y estuvimos dos meses así hasta que empezaron a caer desde nenas de 10 años hasta mujeres de 45 que querían jugar al fútbol y no tenían dónde hacerlo. La municipalidad de Tigre me cedió el polideportivo Sarmiento y me largué. Venían algunas chicas que no podían pagar, se notaba que ni siquiera comían así que empecé a llevar chocolatada caliente, otras llevaban galletitas. Y me di cuenta que con el fútbol solo no alcanzaba».

Entonces fue por más. Y creó la AFFAR, desde donde trabajan la parte social, educativa y deportiva. «Ya llevamos 5 años, le damos herramientas a las chicas dentro y fuera de la cancha.

Las alentamos a seguir una carrera, por ejemplo, hicimos un convenio con el Instituto Johan Cruyff que nos beca a las chicas; nos llamaron de la ONU y ahora van a poder hacerse los aptos médicos gratis, eso para las que no tienen obra social es un paso enorme. Una persona que tiene problemas en su casa, que sufre violencia de género, que no tiene trabajo, que nunca estudió, llega a la cancha pensando en todos sus problemas, no en jugar», asegura.

Un día recibió un correo. Era Mirna Gamarra, una chica no vidente que quería jugar al fútbol y ningún club la aceptaba. Evelina aceptó el desafío sin saber cómo hacerlo, así que buscó en Internet cómo entrenarla y aprendió a resolver de forma casera algunas cosas, por ejemplo, a envolver la pelota en una bolsa para que pueda escucharla ya que no tenían dinero para comprar una con cascabel.

Pero por supuesto no se quedó sólo con eso, sino que armaron un equipo (Las Ramonas), encontró un lugar para que puedan entrenar (el club Banco Nación), capacitó a más entrenadoras y se unieron a Paradeportes.

Hoy además de tener su propia escuela de futbol junto a Boca, de ser manager del equipo femenino de futsal del Club Atlas, es también voluntaria en la Unidad Penitenciaria 47 de San Martin, dándole clases de fútbol a las internas. «Una experiencia increíble», asegura.

Una topadora, en el último año ganó premios y reconocimientos; escribió un cuento para la antología «Pelota de papel 2» (Editorial Planeta) en el que jugadores consagrados hicieron su aporte; participó de la película «No llores por mí Inglaterra»; cerró la cumbre del W20 (la red transnacional que reúne a mujeres líderes y que busca influir en la agenda de los grupos de toma de decisión del G20) y a, fines de noviembre, va a comentar la Copa Mundial Femenina de Fútbol Sub-17 (atención Vero esto, no sé cuándo la suben)

El máximo reconocimiento fue en enero cuando viajó a Nueva York para disertar en la ONU por su trabajo social. «Todos, como sociedad, debemos implementar la resiliencia en cada uno porque no nos damos cuenta del valor que tenemos cuando le decimos a otra persona ‘yo confío en vos;. Cuando estaba en los peores lugares, nadie confiaba en mí y yo tuve que confiar en mí misma para poder salir de lo más bajo. Y cuando la gente empezó a confiar en mí, me empecé a sentir poderosa. Ustedes pueden darle poder y herramientas a las que no se sienten así. Y ese poder de confianza no solo puede transformar su vida sino la de todos», dijo emocionada en su discurso. ¡Imparable!

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