Estamos pues viviendo un momento muy especial de nuestra historia como nación, trascendental para el futuro, estamos sosteniendo una discusión de capital importancia para las relaciones políticas, económicas y sociales; hace 200 años Antonio Nariño acuño el término “Patria Boba” para criticar las diferencias entre centralistas y federalistas

Por: Vladimir Ilich Ulianov

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Una sociedad que no se ha sabido mirar como nación, una institucionalidad que no ha sabido interpretar a esa sociedad y un país que busca interpretarse a sí mismo en medio del caos; esa es la Colombia de hoy, un disparate de situaciones producto de no entendernos, de callar ante la injusticia, de evitar opinar para no discutir. La Colombia de hoy es el fracaso de la educación, el fracaso de la política, el fracaso del diálogo; esta Colombia de hoy es la consecuencia lógica de la ignorancia y la corrupción, la mediocridad y la apatía; esta Colombia de hoy es fruto de una democracia incomprendida por nosotros mismos, mal utilizada por nosotros mismos, mal representada por nosotros mismos y desechada por nosotros mismos.

Hoy Colombia vive uno de los momentos más convulsionados de su historia; la protesta social que ajusta ya un mes no tiene antecedentes en los más de 200 años de vida republicana. Aunque los grandes medios de comunicación, el empresariado y la orilla ideológica que hoy gobierna quieran hacer ver estas protestas como innecesarias, vandálicas, terroristas o como un plan orquestado a escala mundial por el comunismo, lo cierto es que hay razones para que el país haya llegado a esta situación. El desempleo, la pobreza, la desigualdad social (que hoy es la más alta de Suramérica y la séptima a nivel mundial), la calidad y la oferta de la educación, la corrupción, la negligencia en la implementación del acuerdo de paz que como consecuencia ha traído una agudización de la violencia en los territorios, el asesinato de líderes sociales y tantas otras razones que en cada día de marchas hemos ido encontrando, han hecho que el pueblo, la sociedad, haya decidido tomar el camino de la democracia directa, y eso implica que hay una crisis de representación y participación democráticas, la sociedad de hoy ya no se interpreta en esta clase política; la sociedad de hoy no encuentra respuestas en este sistema democrático; la sociedad de hoy no haya soluciones en el diseño del Estado; hoy Colombia es un país que se mira al espejo de su futuro y da horror.

Si el 28 de abril el país no se moviliza ¿alguien cree que se hubiera caído la reforma tributaria y con ella el inmoral ministro Carrasquilla? ¿Alguien cree que sin las multitudinarias marchas el Congreso hubiera tenido algo de vergüenza para archivar la peligrosa reforma a la salud? ¿Alguien cree que sin las protestas del último mes el gobierno le hubiera puesto el acelerador al tema de la gratuidad de la educación superior para los estratos 1, 2 y 3 (que aún así no soluciona el problema del acceso a la educación superior en el país?) No señores, esta clase política demostró que es incapaz de reformarse, de autorregularse, de medirse, y el país no encuentra ninguna garantía en quienes dicen representarlo, ni siquiera en los órganos de control diseñados como instrumentos de vigilancia a quien gobierna porque Fiscalía, Procuraduría, Contraloría y Defensoría del Pueblo están cooptados completamente por Duque y el partido de gobierno, la sociedad no confía en el Estado colombiano.

Lo que está pasando es democracia directa en acción y se la echaron en sus hombros los jóvenes que ven su futuro incierto, no son vagos ni vándalos, son una nueva generación de colombianos que están buscando mejores oportunidades y nuevas garantías. Nunca en la historia han sido las generaciones mayores las que han promovido los cambios ni las revoluciones sociales o acaso el mayo del 68 francés fue protagonizado por los viejos; acaso el movimiento de la séptima papeleta en la Colombia de 1990 fue promovida por cincuentones canosos a punto de pensionarse; acaso las movilizaciones de Chile en el último tiempo fueron lideradas por los abuelos, no, no nos llamemos a engaños que la movilización social, la marcha, la protesta siempre a lo largo de la historia ha sido liderada por los jóvenes y estudiantes que no piden otra cosa que oportunidades.

Manifestémonos contra el vandalismo del último mes, lunar de la protesta social, manifestémonos también contra tantos otros actos vandálicos que silenciosamente hemos soportado durante tantos años, manifestémonos contra los vándalos que se han robado los dineros para un hospital en Buenaventura o ¿acaso se justifica que el puerto más importante de Colombia no tenga un hospital dotado para atender a una bebé que murió mientras era trasladada a Cali? Manifestémonos contra los vándalos que se roban la alimentación de los colegios públicos; manifestémonos contra esos vándalos del Congreso que durante la pandemia sesionaron a través de un computador y aún así no se negaron a recibir 14 millones de pesos que por viáticos reciben en su salario; manifestémonos contra los vándalos que recibieron coimas de Odebrecht, contra los que se robaron Reficar, y Navelena; manifestémonos contra esos vándalos que se han robado la plata para los acueductos de Quibdó y otros tantos municipios apartados del país; manifestemos nuestro inconformismo por esos vándalos que se hacen elegir comprando votos; manifestémonos aquí en Salamina por esos vándalos de Empocaldas que quieren hacernos un cobro coactivo en la factura del agua; manifestémonos contra quienes se han robado a Salamina durante 30 años; manifestémonos contra esos vándalos con la misma fuerza que lo hacemos contra los que rompen vidrios e incendian buses. Lloremos por los dos ojos.

Dos hipótesis he formulado para que la situación del país se encuentre en este punto:

1. Que la dificultad de este gobierno para entablar un dialogo con el Comité del Paro sea tal que a estas alturas parezca ya incompetente y mediocre, que este asunto se le salió de las manos a Duque

2. Que todo obedezca a una estratagema para generar el caos, después de todo ¿quién con su discurso guerrerista y de tierra arrasada ha pretendido ordenar el caos y evitar la “hecatombe”?. Hace 80 años Laureano Gómez “el monstruo” hablaba de “hacer invivible el ambiente de la república”; hoy y desde hace unos años el expresidente, exsenador y su séquito sí que hacen invivible el ambiente de la república.

“Las revoluciones siempre son esfuerzos de los pueblos, pero necesitan expresarse políticamente” dijo el expresidente Uruguayo Pepe Mujica en reciente entrevista; tenemos derecho los colombianos a definir el rumbo de la nación por las vías de la razón; el estallido social que vive hoy Colombia debe ser refrendado a través de una revolución electoral, de lo contrario nos veremos abocados a un nuevo ciclo de violencia que bien puede durar otros cincuenta años.

Aquí la cuestión no es si socialismo o capitalismo, es de justicia social; cualquier estado gobernado por cualquier orilla ideológica lo mínimo que debe ofrecer al pueblo es trabajo, comida y educación no como regalo sino como un derecho y en Colombia hoy 21 millones de habitantes no tienen trabajo, 1 millón 700 mil no tienen 3 comidas al día y la oferta de educación superior pública es insuficiente y de regular calidad en los niveles básicos. Hoy hay municipios en Colombia que no tienen acueducto ni agua potable; hay mascotas que comen mejor que muchos ciudadanos.

Llamemos las cosas como son, el país está gritando que los privilegios de pocos sean derechos de todos. Nos falta empatía. Yo grito, yo marcho, yo protesto, yo me manifiesto porque todo el país pueda tener lo que mi familia y yo tenemos, porque todos los colombianos puedan tener lo que usted, amigo lector tiene y agradece. Manifestarse en las calles no es atentar contra las instituciones, es buscar conectar el poder del estado con la soledad del ciudadano. Y en la búsqueda de ese objetivo el próximo año debemos elegir bien, informados, con criterio y cultura política, fortaleciendo la democracia con participación masiva, no destruyéndola con el insulto y el abstencionismo.

Estamos pues viviendo un momento muy especial de nuestra historia como nación, trascendental para el futuro, estamos sosteniendo una discusión de capital importancia para las relaciones políticas, económicas y sociales; hace 200 años Antonio Nariño acuño el término “Patria Boba” para criticar las diferencias entre centralistas y federalistas en la construcción de la naciente república; hoy todos en Colombia sostenemos una vibrante discusión en torno a nuestro futuro. ¿En qué terminará todo esto?

Adenda. “El Caldense del año” es un reconocimiento que otorga el diario La Patria de Manizales a quienes con su trabajo aportan al desarrollo económico y social de la región. Tiene un carácter filantrópico, por tal motivo es común que al candidato lo postulen como una exaltación a su labor, pero que uno mismo se postule para que lo reconozcan es un acto narciso y egocéntrico, además de una lagartería sublime. Da pena ajena

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