La Editorial de Domingo – El horizonte de una movilización desprestigiada

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A la normalidad del rebusque, a la normalidad de la corrupción, a la normalidad de la violencia que en Colombia no es más que una estadística, porque aquí los muertos son eso, solo una cifra, cuando cada asesinato debería ser un grito, un alarido de horror…

Hechos y Noticias

Por: Vladimir Ilich Ulianov

Algunas reflexiones quedan luego de las movilizaciones sociales que durante algo más de un mes se vivieron en las calles de Colombia, reflexiones a nivel nacional, regional y local.

Parecía que iban a pasar muchas cosas, estaban pasando cosas y finalmente todo feneció como si no hubiera pasado nada. Volvimos a esa normalidad que muchos anhelaban, a la normalidad de antes del 28 de abril, a la normalidad del desempleo, a la normalidad del hambre, a la normalidad de la desigualdad de un país que no sobrecoge a nadie… a la normalidad del rebusque, a la normalidad de la corrupción, a la normalidad de la violencia que en Colombia no es más que una estadística, porque aquí los muertos son eso, solo una cifra, cuando cada asesinato debería ser un grito, un alarido de horror… aquí no, aquí la sangre derramada y el ruido de las balas son paisaje y sonido cotidiano.

Aún así durante un mes el país intentó sacudirse de la indiferencia pero algo, alguien nos hipnotizó nuevamente y entonces nos hicieron ver que protestar está mal, que manifestarse es vandálico, que criticar a esta clase política dirigente es terrorista, que marchar en tiempos de coronavirus es irresponsable; los medios de comunicación, la godarria ultramontana y la derecha alineada toda en el extremo más recalcitrante de un mesías, así como un empresariado voraz y privilegiado nos hicieron creer que ejercer mecanismos de democracia directa en las calles era incorrecto.

La doble moral que carcome a esta sociedad, todos, medios, gobierno, políticos y empresarios lograron desprestigiar al Comité del Paro repitiendo todos los días que no representaban a todos los manifestantes, que el tercer pico de la pandemia se debe exclusivamente a las marchas, que los bloqueos eran su responsabilidad y que tenían al país desabastecido; cifras, cifras y más cifras de las pérdidas económicas, del costo de la infraestructura pública vandalizada; todo finalmente logró calmar las aguas, cansar a la gente y silenciar la creciente voz de protesta contra todo lo que hoy en Colombia simboliza violencia, corrupción y desigualdad: este gobierno y esta clase política. Bueno es no olvidar también los costos de la corrupción y el “vandalismo terrorista” que nunca paralizan este país: el carrusel de la contratación en Bogotá, las coimas de Odebrecht que recibieron tantos políticos y que aún no se esclarecen del todo, el desvío de más de 7mil millones de pesos en los planes de alimentación escolar (PAE) en distintos departamentos del país, indicios de corrupción en La Fuerza Pública y un largo etcétera.

No es justificable desde ningún punto de vista la destrucción del inmobiliario público, pero bueno es sopesar y analizar equilibradamente lo que le cuesta a este país la corrupción y lo que cuesta la vandalización de CAIS y estaciones de transporte público en las ciudades, todo en aras del conocimiento, la información y la cultura política en un país que todo lo ve en blanco y negro.

El estallido social de las últimas semanas en Colombia puede ser una oportunidad desperdiciada si no ponemos en marcha desde ya una revolución electoral que castigue a esta clase política parásita e inmoral que elección tras elección se lucra descaradamente de los recursos que deben estar al servicio de toda la ciudadanía.

Es hora de comenzar a analizar y castigar a esos politicastros de la región que cómodos y silenciosos han pasado de agache durante todo este tiempo. No hay un solo congresista del departamento de Caldas al que se le haya escuchado una opinión o análisis riguroso de la situación derivada luego de más de un año de pandemia y más de un mes de protesta social; todos ausentes, mudos, ninguno ha sido buscado para brindar declaraciones en los medios nacionales, ninguno es conocido por sus posturas sobre los grandes temas de país, liderazgos caducos que solo aceitan maquinarias a la hora de buscar votos y aprovecharse de la necesidad de la gente.

Aquí a Salamina no ha venido ningún congresista de la región más que alguno a embutirse comida y tomarse fotos. Es hora de que vayamos recordando que estos individuos tienen un sueldo de 32 millones de pesos mensuales, que solo trabajan 3 días a la semana, que tiene 4 meses de vacaciones al año (ahora son tres, según lo aprobado ayer en el Congreso, como si fuera gran cosa). Dejémonos de pendejadas, la solución no es pedir por redes sociales la reducción del Congreso ni tampoco el voto en blanco; la solución está en elegir bien, libremente, informados.

El voto en blanco tal y como está concebido en la Constitución Nacional es ridículo y no tiene real valor ¿o en 30 años de vigencia de la Constitución de 1991 se ha logrado algo a excepción de repetir elecciones en dos o tres municipios pequeños del país? Lo asombroso es que gente que uno cree informada le sigue dando pedal al asunto del voto en blanco, tan inocuo como ridículo. ¿Reducir el Congreso? Si con 280 congresistas en las dos cámaras el gobierno logra acomodar sus mayorías y hacer lo que le de la gana – aún este tan desprestigiado e incompetente – imagínense por un momento untar con mermelada a solo 50 o 100 congresistas, ¡muchísimo más fácil! No señores, dejémonos de vainas, analicemos e informémonos; muy loable la propuesta de reducirles el salario, sí, un tímido gritico aquello de votar en blanco, sí, algún ahorrito aquello de reducir el Congreso, tal vez, pero asumamos responsabilidad política: castiguemos a esta clase dirigente del departamento de Caldas que para lo único que ha servido es para impulsar un aeropuerto nuevo en un terraplén de Palestina y buscar contratos en la pavimentación de carreteras y construcción de canchas sintéticas, nada más.

No hay un solo proyecto de importancia nacional en el cuál sean consultados o den su opinión, o brinden su análisis; tenemos unos congresistas minúsculos, provincianos y acomodados. A ver si los castigamos y le damos paso a gente nueva con ideas nuevas, no más caciques cuestionados, ni sujetos ignorantes y gritones, ni jovencitos ligeros y sin ideas.

Tal parece que el gobierno Duque equilibró las cargas y logró salir fortalecido de este embate popular; tal parece que esta clase política logró sobrevivir un tiempo más y más de uno ahora buscará mimetizarse como “alternativa”; tal parece que hay muchos que se resisten a perder sus privilegios; tal parece que una parte de la sociedad – elitista, clasista y privilegiada- niega a la otra que pide mayor igualdad y cambios estructurales; ambas, la elitista y la necesitada se replican en cada rincón del país, incluso aquí, en esta Salamina que es una en el Club Chamberí, en el parque y en los nuevos y sofisticados hoteles y cafés, y otra en la ruralidad y la periferia.

Adendas.

1. Mi recomendación a quienes representan el Comité del Paro en Salamina es que se organicen alrededor de una estructura que sea alternativa política de cara al próximo año, con criterio, objetividad, análisis de los problemas locales y profundización en cultura política, alejados de sectarismos. Prepárense para generar una revolución electoral en Salamina de cara al 2023 ¿serán capaces?

2. Dos egos tan inmensos como el espacio de nuestra basílica. Cuál comité de aplausos será más ruidoso y adulador. ¿el del monarca del palacio municipal, o el del príncipe de la Toscana? Al primero se le valoriza su futuro político, al segundo su mirador del cañón del Cauca… yo valoro y resalto el interés, la visión y la gestión de ambos por desarrollar un corredor digno y prometedor hacia las infraestructura de Pacífico III; eso sí, sin olvidar al Gobernador Velásquez que es quien destina esos recursos que todos los caldenses y colombianos retribuimos en impuestos.

3. Mi pensamiento y mis buenos deseos en la recuperación de Carlos Alvarez, joven y disciplinado deportista, maestro y líder de la actividad física en nuestro municipio. Hago votos por su salud.

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